Locura más grande que la cordura.

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Ella estaba loca y permanecía horas enteras tratando de diferenciar si sus recuerdos eran  cuerdos o complicada fantasía, veía entre sus visiones una pareja que se ama en  la cocina con ferocidad, él llego en ese momento asomándose por la ventana, ella lo miró y lo odio tanto al cruzarle por la mente un episodio  tormentoso, él solo era un simple voluntario, ella una loca más que permanecía presa de su locura, ya lo dicen: “hay peores cárceles que las de metal”, en ese momento él no podía describir la  sensación que le había causado ver a la mujer, llegó  a entrar a sus cuatro en las madrugadas y la veía dormir, sentía que la fuerza de un abismo lo atraía, hasta que un día ella despertó y tratando de alejarlo lo ahorcó, unos minutos casi antes de quedar inconsciente, ella  se perdió en sus ojos, tratando de calmarse automáticamente reparó y lo soltó, el tocía como desesperado tratando de incorporar el aire a su esófago, horas después ella en un arranque le grito que se fuera, de una manera tranquila para ser ella.
Semanas mas tarde, él la sacaba al jardín a tomar aire, entre esas escenas, ella perdía la cordura y le comenzaba a contar detalles de su vida, juntos trataban de diferenciar cuales eran verdad  y cuales no, era una lucha de dos por que ella recobrara  la lucidez,de momentos los dos sufrían,a él le dolía  ella, su sonrisa era dual;  una noche llegaron por él y le dieron la noticia que tenía que irse del psiquiátrico, no quería dejarla y ella  que estaba en su cuarto, sintiéndose mal entro en desesperación que la tuvieron que llevar con  camisa de fuerza, entre tanto desespero el encontró la manera, mientras caminaba hacia la puerta, alguien se aventaba hacia los cristales, los mismos rebotaron en su cuerpo, causándole perdida de sangre, alguien susurró: “sé lo que hago “,semanas  más tarde ella fue reincorporada a su cuarto,tras episodios de jaqueca intensos, en los cuales alcanzaba a ver la esencia de aquel hombre que confundía con otro que existió en su pasado, semanas después ella ya un poco más estable caminaba en el jardín  como tonta, cayéndose con todo, de momento comenzó a darse vueltas en el césped, por todos lados  había muchos más enfermos riéndose  con cizaña, ella observó el cielo, una mano tapó su cara, volteó perturbada, era un loco más que la tocaba del cabello y le decía:  ¡ayúdame, tu puedes ayudarme!, ella insensata sonrió.

Fue la única manera de estar con ella, nunca más recobraron  la cordura, se quedaron bebiendo de las trampas del  destino pero juntos  al fin de cuentas, juntos.

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2 Comments

  1. La línea que separa la cordura de la locura es muy fina; depende además de quien esté definiendo una y otra.
    Yo cada vez estoy más convencida de que tal y como va caminando nuestra sociedad, estos términos acabarán por no distinguirse y compartir mucho de sus rasgos. Yo te aseguro que en ocasiones prefiero disociarme de la realida y crear un mundo paralelo…¿es eso locura? Supongo que sí; estoy loca a veces, entonces.

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